jueves, 19 de junio de 2014

Septiembre.

Después del primer día de instituto, la cosa no cambió mucho, mi pasividad continuaba.
Los primeros días de Septiembre llegaba excesivamente pronto, aún no controlaba eso del tiempo del viaje; estaba acostumbrada a levantarme, desayunar, vestirme, salir de casa, cruzar un semáforo y entrar en el colegio.
Esos días de descontrol total, siempre me encontraba con un chico en la puerta de la clase, me preguntaba si siempre llegaría tan pronto. Al principio pensé "qué tipejo más raro" pero con el tiempo a dado la casualidad de que se ha convertido en uno de mis mejores amigos y en una persona demasiado importante en mi vida.
En las clases me sentaba en una mesa, sola, aburrida apoyada contra la pared hasta que dos chicas se acercaron a mí. Hasta entonces, no me había fijado en ellas. Una se llama Sonia y la otra, Inés. Todo empezó con un "¿cómo te llamas? ¿qué nos cuentas?"
Ya no me acuerdo de cómo fui dejando esa pasividad de lado y acercándome más con la gente, supongo que fue como una adicción, como una atracción que poco a poco fue a más. Era increíble como cada día iba descubriendo cosas nuevas e increíbles de cada uno de ellos. Me arrastraron hacia una vida en la que da gusto despertarse cada mañana, sonreír como nunca lo he hecho y entusiasmarme por ir al instituto.
Este mes me sirvió para desplegar las alas y perder la vergüenza. Respecto a las clases, cada día me gustaban más. Recuerdo que los primeros exámenes me motivaron mucho porque creía que no iba a pasar del cinco y, al ver los sietes y ochos que sacaba, empecé a recuperar ese entusiasmo por seguir estudiando.

1 comentario:

  1. No sabes cuanto me alegra ver que has ido recuperando la sonrisa y superando las coass. Eres una luchadora!

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