Noviembre vino cargado de muchas emociones, es increíble como he evolucionado en tan poco tiempo. Cómo mi sonrisa a ido creciendo poco a poco sin darme cuenta y es que, los días en el instituto, cada vez son más agradables. Inés a pasado a convertirse en mi mejor amiga, la he mostrado una parte de mi mundo, el anime y el rock y parece que la está gustando. Eso me alegra, que la gente me acepte tal como soy, con mis gustos y aficiones.
Otra cosa que tengo que mencionar es que, a principio de curso odiaba las clases de gimnasia, pero ahora, dos meses después, las estoy empezando a coger el tranquillo; incluso me está empezando a gustar ir a correr a Sabatini.
También he conocido a un chico que me parece muy majo y me cae muy bien, se llama Eduardo. Una cosa que nunca voy a olvidar es cuando me dijo, la primera vez que hablamos, "es que no se qué tema de conversación sacarte". Me resulta curioso como antes no podía hablar mucho delante de los que ahora son mis mejores amigos.
¿Os acordáis de aquella metafórica mano de la que hablé en mi entrada anterior? Se cansó de llamar a mi puerta justo cuando se la abrí... dio media vuelta y se fue, mientras yo veía como se alejaba y me quedé parada, atónita, sin hacer nada a pesar de que me moría de ganas por gritarla que volviera.

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